EL ROBO DE LOS BANQUEROS

Considera adquirir una casa de $100,000 donde $30,000 representan
los costos de la tierra, los arquitectos, las comisiones de venta, los
permisos de construcción y otras cosas mientras que los $70,000
restantes cubren los costos de la construcción en sí.
Si pones $30,000 de enganche, entonces los otros $70,000 debes
pedirlos prestados. Si el préstamo te lo da el banco al 11% anual por
un periodo de 30 años, terminarías pagando $167,806 de intereses.
Eso significa que la cantidad pagada a los banqueros que prestan el
dinero es cerca de 21/2 veces más que lo pagado a los que
proporcionan toda la mano de obra y todos los materiales. Es cierto
que esta figura representa el valor en el tiempo de ese dinero en 30
años y se puede justificar fácilmente argumentando que el prestamista
merece una compensación por permitir que usen su capital y renunciar
a este por tanto tiempo. Pero eso sería asumiendo que el prestamista
realmente tiene algo a lo que renunciar, que ha ganado ese capital, lo
ha ahorrado, y luego lo ha prestado para la construcción de la casa de
alguien más. ¿Qué podrías pensar, sin embargo, de un prestamista
que no gano ese dinero, no lo ahorro, y de hecho, simplemente lo creo
de la nada? ¿Cuál es el valor en el tiempo de la nada?
Cada dólar, euro, peso, yen o libra que existe hoy, ya sea en forma de
divisa, entrada contable o crédito (en otras palabras, toda nuestra
oferta monetaria), existe únicamente porque alguien solicito un
préstamo sobre ese dinero; puede que no hayas sido tú, pero si
alguien más. Eso significa que cada billete en el mundo está ganando
intereses compuestos todos los días para los bancos que los crearon
de la nada.
¿Y que hicieron los bancos para merecerse a perpetuidad este flujo de
riqueza? ¿Prestan dinero de su propio capital obtenido a través de
inversiones o accionistas? ¿Prestan el dinero por el que trabajaron tan
arduamente? ¿Prestan el dinero que ahorran los depositantes? No,
ninguna de estas opciones es la correcta.

Simplemente agitaron la varita mágica llamada “Dinero Fiat”.