EL PAPA FRANCISCO CONTINUA CON SU AGENDA COMUNISTA

El comunista Papa Francisco no deja pasar ninguna oportunidad para criticar el sistema de libre empresa y proponer políticas marxistas.

El Papa Francisco continúa presionando por un salario básico universal, por cobrarle más impuestos a los ricos y por llevar a cabo el sueño de Karl Marx de cambiar el sistema socio-económico.

Todo lo que propone Francisco suena muy noble (después de todo, es muy fácil ser noble con el dinero de otras personas). Los que no saben nada de economía ni de historia (lamentablemente, la gran mayoría de la gente), consideran a aquellos que se oponen a estas políticas de “justicia social” como personas malvadas que odian a los pobres. Pero esto no es cierto. No odiamos a los pobres, y claramente queremos que el nivel de vida de todos mejore. Es solo que nosotros entendemos que las políticas que proponen los socialistas empeoran todo. Nosotros entendemos que, de acuerdo con datos históricos, leyes económicas y simple sentido común, la única forma de elevar el nivel de vida de las personas es a través del capitalismo de libre mercado: sistema de precios, propiedad privada, estado de derecho, libertad económica, libre comercio internacional, mínima regulación, bajos impuestos. Todos los países que siguieron estas políticas libertarias a lo largo de la historia (como Estados Unidos, Hong Kong y Singapur) crearon prosperidad y riqueza para todos, mientras que todos los países que siguieron las políticas que propone el Papa Francisco de “esparcir la riqueza” (como Venezuela, Argentina y la Unión Soviética) terminaron esparciendo la pobreza.

Todo lo que propone el Papa Francisco ya ha sido implementado una y otra vez en muchos países de diferentes continentes. De hecho, ¡lleva implementándose décadas en su propio país! Argentina lleva décadas atrapado en el Camino de Servidumbre del socialismo, lo cual explica sus elevados niveles de pobreza, desempleo e inflación. El Papa Francisco ni siquiera conoce la historia de su propio país. Claro, es muy fácil abogar por el socialismo cuando llevas una vida lujosa en el Vaticano. ¿Por qué no intenta conseguir un empleo en Argentina, o abrir un negocio en Argentina, o ahorrar en pesos argentinos? O mejor aún, puede mudarse a Cuba donde hace décadas implementaron todas los programas de “justicia social” que tan reiteradamente propone.

Por eso es por lo que no podemos escuchar a aquellos que han leído sobre el socialismo sino a aquellos que han vivido en el socialismo. O como lo puso Ronald Reagan: “Un socialista es alguien que ha leído a Lenin y a Marx. Un capitalista es alguien que entiende a Lenin y a Marx”. Pregúntale a un venezolano que vive en las calles de Bogotá qué opina sobre lo que propone el Papa Francisco, y te dirá que es exactamente lo mismo que hace 20 años propuso Hugo Chávez y que llevo a uno de los países con mayores reservas de petróleo en el mundo a la miseria absoluta.

Los socialistas y progresistas, como el Papa Francisco, juzgan un programa por sus intenciones.

Los capitalistas, conservadores y libertarios juzgan un programa no por sus intenciones sino por sus incentivos.

Por ejemplo, la intención de un programa como la Ley de Salario Mínimo es muy noble. Busca aumentar el salario de las personas más vulnerables. Busca proporcionar un “salario digno”. Pero esa es la teoría de dicha ley. Las cosas son muy diferentes en la práctica.

Los incentivos de una ley de salario mínimo para un empleador son muy claros y evidentes: si el salario mínimo queda decretado en $10 por hora, todos aquellos empleados que tengan una productividad de menos de $10 por hora van a perder sus empleos.

Debido a una ley de salario mínimo, las personas más vulnerables, aquellos que menos productividad tienen y que más desesperadamente necesitan obtener un empleo para obtener habilidades y adquirir experiencia, quedan legalmente desempleados. Nadie va a contratarlos porque producen menos que el salario mínimo. Esto nos lleva a concluir algo obvio que observó el reconocido economista Thomas Sowell: “El verdadero salario mínimo siempre es $0”.

Entre más alto el salario mínimo, más desempleo causa. Este desempleo en las personas más vulnerables las obliga a convertirse en parásitos que solo pueden sobrevivir dependiendo de las caridades privadas, de los subsidios del gobierno, o peor aún, ingresando al mundo criminal, donde no existe una ley de salario mínimo. Es el clásico ejemplo del gobierno rompiéndole las piernas a las personas, dándoles muletas y luego diciéndoles: “Lo ven, si no fuera por mí no podrían caminar”.

Ya sabemos las intenciones de las leyes y programas que propone el Papa Francisco, pero, ¿cuáles son los incentivos? Bueno, no hay que ser un genio para saber que si le pagas a la gente por no trabajar, ¡pues no van a trabajar! Y si le cobras impuestos excesivos a los que van a producir y a trabajar, ¡pues van a dejar de producir y trabajar! Milton Friedman, un ganador del Premio Nobel de Economía, lo puso así: “Si le pagas a la gente por no trabajar y les cobras impuestos cuando trabajan no te sorprendas si el resultado que obtienes es desempleo”. Ronald Reagan dijo: “El rol del gobierno en la economía puede resumirse de la siguiente manera: Si se mueve, cóbrale impuestos. Si continúa moviéndose, regúlalo. Si deja de moverse, dale subsidios”.

Las leyes económicas no se preocupan en lo más mínimo por tus intenciones o por tus sentimientos, así como la ley de la gravedad no te perdona si por error te caíste de un edificio. Las leyes económicas son muy claras: si aumentas artificialmente el precio de la mano de obra pasando una ley de salario mínimo, la demanda por contratar personas va a disminuir, así como la demanda de la leche, o la carne, o la cerveza disminuiría si el gobierno artificialmente aumentara el precio.

A mayor precio, menor demanda. Simple. A mayor salario mínimo, más desempleo. A mayores impuestos, menos trabajo, producción, innovación y creación de empleo. Conceptos simples que son rechazados por intelectuales marxistas en pleno siglo XXI.

Siempre que escuches las propuestas de la izquierda radical, como las propuestas del Papa Francisco, no olvides la lección que nos dio el gigante economista Thomas Sowell:

“Existen tres preguntas que destruirían la mayoría de los argumentos de la izquierda:

  1. ¿Comparado con qué?
  2. ¿A qué precio?
  3. ¿Qué evidencia sólida tienes?

Existen pocas ideas en la izquierda que pueden atravesar esas barreras”.

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